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Playa De Comporta

La ‘nueva Ibiza’ de Portugal desata el interés de los inversores internacionales

Las impolutas tierras de Troia y Comporta resultan jugosas para fondos inmobiliarios que pretenden aprovechar el creciente potencial turístico. Y tal es el interés financiero que el Wall Street Journal augura que pronto se convertirá en un destino capaz de arrebatar turistas a los destinos más icónicos de Baleares

Desde hace siglos la Herdade de Comporta ha sido uno de los secretos mejor guardados de Portugal. Aunque los locales y la élite de la jet-set eran conscientes de la existencia de sus fantásticas playas vírgenes, el público mundial no tenía idea que el paraíso se encontraba en la costa lusa, franjeado por el estuario del río Sado y el Atlántico.

Durante nueve siglos el latifundio había quedado en manos de dueños discretos, pasando de la Orden Militar de Santiago de la Espada a la Casa nobiliaria de Aveiro, de la Corona lusa a un holding británico, y en 1955 a la familia bancaria de los Espírito Santo, la más rica de Portugal, que lo manejó como su feudo particular. Pese a la belleza singular de las tierras, ninguno de los propietarios se había interesado por desarrollarlas; como mucho, se habían limitado a gestionar los ricos arrozales de la zona y dejado el disfrute de las playas kilométricas a los jornaleros locales y a los amigos aristocráticos que se atrevían a hacer el viaje desde la capital lusa, ubicada a apenas 60 kilómetros al norte de la Herdade.

Si bien a principios de este siglo el último jefe de los Espírito Santo, el banquero Ricardo Salgado, mostró algún interés en comenzar a explotar la capacidad turística de la zona, la situación realmente cambió en 2014, cuando colapsó el Banco Espírito Santo (BES), y el clan se vio obligado a vender sus numerosas propiedades, entre ellas el mítico latifundio. La posibilidad de desarrollar las playas de Comporta desató una competición intensa por la propiedad, con numerosos compradores internacionales interesados en la adquisición de las tierras.

Sin embargo, el latifundio finalmente ha quedado parcialmente en manos lusas: el pasado mes de noviembre se cerró la venta de los activos inmobiliarios de la Herdade a un consorcio constituido por Amorim Luxury -propiedad de Paula Amorim, la mujer más rica de Portugal y heredera del fallecido Américo Amorim, el celebrado rey del corcho-, y Vanguard Properties -del francés Claude Berda, el empresario audiovisual conocido por ser el extranjero que más ha invertido en el país vecino-.

En total, el consorcio ha pagado 157,5 millones de euros por 1.380 hectáreas, en las cuales pretende invertir más de 1.500 millones de euros para crear una nueva oferta turística “de altísima calidad” y de “nivel internacional, ejemplar y única en Portugal y Europa“. Entre los distintos proyectos del consorcio en la zona hay dos hoteles y complejos de golf, y una iniciativa separada que contempla la construcción de un complejo residencial compuesto exclusivamente de villas de gran lujo.

Las iniciativas del consorcio de Amorim y Vanguard se enmarcan dentro del boom urbanístico de esta parte del litoral luso, donde también hay grandes proyectos programados en la vecina península de Troia. Según el semanario Expresso, Sandra Ortega, la mujer más rica de España y heredera de Amancio Ortega, está ultimando la construcción de un resort de lujo que incluye un hotel y una aldea de alta gama que se espera abrir al público en 2024.

‘LA NUEVA IBIZA’

Desde hace décadas la élite internacional se deja ver por Troia y Comporta: Jackie Onassis pasó algún que otro verano en sus playas y la familia principesca de Mónaco se deja ver por las aldeas cercanas con cierta frecuencia, mientras que algunos celebrities -entre ellos los diseñadores franceses Christian Louboutin y Philippe Starck- llevan años viviendo en la zona.

Sin embargo, la falta de desarrollo de la zona había impedido que pasara a ser un sitio de referencia internacional hasta muy recientemente, cuando los inversores internacionales comenzaron a interesarse por ella. Al encontrarse a apenas 90 minutos de Lisboa y contar con vistas espectaculares del Atlántico y la Sierra de Arrábida, las impolutas tierras de Troia y Comporta resultan jugosas para fondos inmobiliarios que pretenden aprovechar el creciente potencial turístico del país vecino. Tal es el interés financiero en esta parte de Portugal que el Wall Street Journal augura que pronto se convertirá en “la nueva Ibiza”, un destino luso capaz de arrebatar turistas a los destinos más icónicos de las Baleares.

Vitor Paiva, bróker de la inmobiliaria de lujo Engel & Völkers, explica que Troia y Comporta tienen una ventaja única sobre otras playas del continente. “Mientras que el Algarve y la costa española están masificadas, aquí te encuentras con 50 kilómetros de playas vírgenes, algo que hace que parezca que estás en Ibiza, pero 40 años atrás. En el interior también hay atractivos para los extranjeros: aldeas pintorescas, rústicas, genuinas, donde el coste de vida sigue siendo muy barato para alguien que viene de Reino Unido o del centro de Europa”.

El agente inmobiliario reconoce que los nuevos proyectos urbanísticos harán que aumente el fluyo turísitco en esta parte de la costa portuguesa, pero no cree que altera la identidad fundamental de la zona.

“A diferencia de otras partes del litoral donde hubo construcción entre los años 60 y 90, aquí el desarrollo inmobiliario se está produciendo con legislación aprobada que protege la costa. Por ley está prohibido construir a menos de un kilómetro del agua, por lo que el elemento más icónico -las playas vírgenes- se va a conservar. No digo que no sea más difícil reservar en los restaurantes de aquí en unos años, pero por lo general creo que el impacto será positivo”.

 

Fuente: El Mundo

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